Fiebres y niños, cómo debemos actuar

Dolor de cabeza y fiebre en niños, cómo debemos actuar

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Uno de los síntomas más usuales es la fiebre, el motivo más frecuente de preocupación en los padres y que más consultas médicas y de urgencias recibe. Debido a los cambios bruscos de temperatura, se pueden provocar resfriados y gripes, más que comunes tanto adultos como en los niños.

En muchas ocasiones, para bajar la fiebre, la clave está en mantener el ambiente fresco de la casa, no abrigar en exceso al niño que la sufra y darle de beber mucho líquido para que esté bien hidratado. No debemos suministrar ningún tratamiento si el pequeño no está molesto o no presenta ningún signo de dolor. En estos casos, el ibuprofeno puede ser una solución. Está indicado para bebés a partir de 3 meses con un peso igual o superior a 5 kilos. No olvidemos que antes de nada es muy importante consultar con un médico, sobre todo si el niño tiene menos de 2 años.

Aquí dejamos algunos datos que debéis saber de la fiebre:

# No tiene porque ser una enfermedad

La fiebre es un mecanismo de defensa de nuestro organismo frente a los gérmenes. Cuando un germen nos ataca, el hipotálamo, que es el encargado de regular la temperatura corporal aumenta nuestro calor por encima de sus niveles normales, que rondan los 36ºC – 37 ºC en función de la persona.

Hay muchas razones por las cuales un niño puede tener fiebre. Las más comunes son las infecciones víricas, agudas y benignas, como las respiratorias, que suelen ir a acompañadas de tos y mocos; las gastrointestinales, que cursan con vómitos, diarrea y dolor abdominal; o las urinarias, con vómitos y rechazo de alimentos. Una vacunación reciente, la aparición de los primeros dientes o el exceso de abrigo también causan fiebre.

# Puede generar convulsiones

Las convulsiones febriles son una respuesta del cerebro ante la fiebre que se produce en algunos niños entre los 6 meses y los 5 años de edad. Aunque se desconoce la causa exacta, cualquier infección banal (catarro, anginas, gastroenteritis) es capaz de desencadenarla. La mayoría duran un minuto o dos, otras pueden durar más de 15.

# No hay ni que cubrir ni desabrigar demasiado al niño

Cuando un menor tiene fiebre pensamos que tenemos que abrigarle más de la cuenta, error, hacerlo solo aumenta la temperatura. Hay que ofrecer líquidos a menudo, a ser posible con hidratos de carbono (zumos de fruta, batidos o papillas).

# Existen diferentes tipos de fiebre

En el caso de los bebés, es importante saber diferenciarla para tomar una u otra medida. Según su intensidad podemos distinguir entre:

# Tipos de termómetros y usos

Más allá del tipo de termómetro que elijamos, asegúrete ñde saber usarlo correctamente para obtener una lectura precisa. Conserva y sigue las recomendaciones del fabricante.


Los termómetros digitales suelen medir la temperatura de manera más rápida y precisa. Vienen en muchos tamaños y formas, y están disponibles en la mayoría de los supermercados y farmacias, a varios precios. Muchos termómetros digitales se usan para las siguientes modalidades de medición de temperatura:

  • oral (en la boca)
  • rectal (en el recto)
  • axilar (bajo el brazo)

Los termómetros digitales suelen tener una sonda flexible de plástico con un sensor de temperatura en un extremo y un indicador digital fácil de leer en el otro.

Los termómetros electrónicos de oído miden la temperatura timpánica: la temperatura en el interior del conducto auditivo. Aunque son rápidos, precisos y fáciles de usar en niños mayores, los termómetros electrónicos de oído no resultan tan exactos como los digitales cuando se usan en bebés de menos de 3 meses, y son más caros.


Los termómetros de tira plástica (pequeñas tiras plásticas que se adhieren sobre la frente del niño) pueden indicar si su hijo tiene fiebre, pero no son fiables a la hora de medir la temperatura exacta, sobre todo en bebés y niños muy pequeños. Si necesita saber la temperatura exacta de su hijo, los termómetros de tira plástica no son los adecuados.


Los termómetros para la frente también pueden indicar si su hijo tiene fiebre, pero no son tan precisos como los digitales que toman la temperatura oral o rectal.


Los termómetros para chupar pueden parecer apropiados, pero son menos fiables que cuando se toma la temperatura rectal y no deben utilizarse en bebés menores de 3 meses. Además, es necesario que el niño mantenga el termómetro en la boca durante varios minutos sin moverse, algo casi imposible para la mayoría de los bebés y niños pequeños.


Los termómetros de mercurio se usaban con frecuencia, pero la Academia Americana de Pediatría aconseja no utilizarlos por miedo a una posible exposición al mercurio, que es una toxina ambiental. (Si aún tiene un termómetro de mercurio, no lo tire a la basura porque el mercurio puede filtrarse. Pregunta al pediatra o al departamento de sanidad local cómo y dónde puede deshacerse de su termómetro de mercurio).


Todas las madres y padres sabemos el desafío que supone tomarle la temperatura a un niño que se retuerce. Pero es uno de los instrumentos más importantes con los que cuentan los médicos para averiguar si su hijo está enfermo o tiene una infección. El método que tu elijas para medir la temperatura de tu hijo dependerá de la edad de éste y de si tu hijo está dispuesto a cooperar.

Si tu hijo es menor de 3 meses, obtendrás datos más precisos si mides la temperatura rectal con un termómetro digital. Los termómetros electrónicos de oído no son recomendables para bebés menores de 3 meses porque sus conductos auditivos suelen ser demasiado pequeños.

Si tu hijo tiene entre 3 meses y 4 años, puedes utilizar un termómetro digital para medir la temperatura rectal o un termómetro electrónico de oído para medir la temperatura en el interior del conducto auditivo. También podrías utilizar un termómetro digital para medir la temperatura axilar, aunque este método es menos preciso.

Si tu hijo tiene más de 4 años, puedes utilizar un termómetro digital para medir la temperatura oral si tu hijo coopera. Sin embargo, es posible que los niños que tosen con frecuencia o respiran por la boca porque tienen la nariz congestionada no sean capaces de mantener la boca cerrada el tiempo necesario para realizar una lectura oral exacta. En estos casos, puedes usar el método timpánico (con un termómetro electrónico de oído) o el método axilar (con un termómetro digital).

¿Cómo se utiliza un termómetro digital?

El termómetro digital ofrece la forma más precisa y rápida de medir la temperatura de tu hijo y puede colocarse en la boca, la axila o el recto. Antes de usarlo, lee detenidamente las instrucciones. Necesitas saber cómo el termómetro anuncia la finalización de la lectura (en general, mediante un pitido o una serie de pitidos, o cuando la temperatura aparece de manera intermitente en la pantalla digital del termómetro).

Primero, enciende el termómetro y asegúrate de que no aparezcan lecturas previas en la pantalla. Si tu termómetro dispone de cubiertas protectoras de plástico desechables, colócalas según las instrucciones del fabricante. Recuerda desechar la cubierta después de usarla y limpiar el termómetro según las instrucciones del fabricante antes de volver a colocarlo en su estuche.

Para medir la temperatura rectal: Antes de ser padres, la mayoría de las personas sienten vergüenza ante la idea de medir la temperatura rectal. Pero no se preocupe; es fácil:

  1. Lubrica el extremo del termómetro con un lubricante, como vaselina.
  2. Coloca a tu hijo en una de estas dos posiciones:
    1. boca abajo sobre tu regazo o sobre una superficie plana y firme, y con la palma de tu mano sobre la zona lumbar del niño.
    2. boca arriba con las piernas dobladas contra el pecho, con tu mano contra la parte posterior de los muslos del niño.
  3. Con la otra mano, inserta el termómetro lubricado en la abertura anal, de media a una pulgada (1,25 a 2,5 centímetros). Si sientes que hay resistencia, no sigas.
  4. Sujeta el termómetro entre el dedo medio y el anular mientras sostienes la cola del niño con la mano ahuecada. Tranquiliza a tu hijo y háblale en voz baja mientras mantienes el termómetro en su lugar.
  5. Espera hasta oír el número de pitidos correspondientes u otra señal que indique que ya se puede leer la temperatura. Si deseas llevar un registro, anota la temperatura y la hora del día.

Para medir la temperatura oral: Este proceso es fácil en un niño mayor y dispuesto a cooperar.

  1. Espera de 20 a 30 minutos después de que tu hijo termine de comer o beber para medir la temperatura oral y asegúrese de que tu hijo no tiene un chicle o un caramelo en la boca.
  2. Coloca el extremo del termómetro bajo la lengua y pida a tu hijo que cierre los labios. Recuérdale que no apriete los dientes ni hable, y pídele que se relaje y respire con normalidad por la nariz.
  3. Espera hasta oír el número de pitidos correspondientes u otra señal que indique que ya se puede leer la temperatura. Lee y anota el número que aparece en la pantalla y la hora del día.

Para medir la temperatura axilar: Ésta es una manera práctica de medir la temperatura de tu hijo. Aunque no es tan precisa como la temperatura rectal u oral en un niño que coopere, algunos padres la prefieren, sobre todo si tu hijo no puede sostener un termómetro en la boca.

  1. Quítale a tu hijo la camisa o la camiseta y pónle el termómetro en la axila (debe tocar sólo la piel, no la ropa).
  2. Dobla el brazo de tu hijo sobre el pecho para sujetar el termómetro.
  3. Espera hasta oír el número de pitidos correspondientes u otra señal que indique que ya se puede leer la temperatura. Lee y anota el número que aparece en la pantalla y la hora del día.

Más allá del método que elijas, toma nota de estos consejos adicionales:

  • Nunca le tomes la temperatura a tu hijo inmediatamente después de bañarlo o si ha estado muy abrigado durante algún tiempo; esto puede afectar el nivel de la temperatura.
  • Nunca dejes a un niño solo cuando le estés tomando la temperatura.

¿Cuándo debemos acudir al centro sanitario?

Hay que estar alerta ante determinados signos de empeoramiento:

  • Manchitas en la piel, de color rojo oscuro o morado, que no desaparecen al estirar la piel de alrededor.
  • Decaimiento, irritabilidad o llanto excesivo difícil de calmar.
  • Rigidez de cuello.
  • Pérdida de conocimiento.
  • Dificultad para respirar (marca las costillas y hunde el esternón, se oyen como silbidos cuando respira, respiración muy rápida o agitada).
  • Vómitos o diarrea persistentes o muy abundantes que causen deshidratación (lengua seca, ojos hundidos o ausencia de saliva).
  • Si no orina o la orina es escasa.

En este tipo de situaciones tenemos que mantener la calma y seguir en todo momento los consejos de los pediatras. Nunca mejor dicho «no perdamos la cabeza».

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